Ahora el mundo se enfrenta a una crisis generalizada, que ya ha empezado, y que se irá ahondando, cuando la incertidumbre de la recuperación de una economía global voluntariamente estancada domina la mente de todos, los responsables y los espectadores ciudadanos. Es justo el momento para buscar la encomiable integración latinoamericana. Y es un asunto no sólo contra el calendario, sino casi contra el reloj.
Los líderes en todos los órdenes de la actividad humana, los poderosos en todos los campos, los académicos, y en especial los responsables de medios de comunicación, deben luchar porque los gobiernos abran los ojos, vean el futuro próximo lleno de problemas y comprendan que es asunto de supervivencia de sus gobernados ¡y de la suya propia!
La pobreza, en especial la pobreza extrema, esa de elemental supervivencia, el hambre, el desempleo, la falta de dinero en las arcas públicas, y una violencia grave que se avecina por desesperación popular, están más que claros ante el mundo. La desobediencia civil crecerá como protesta. Los levantamientos populares se van a multiplicar, las rebeliones y los delitos del orden común: robos, asaltos, extorsiones y secuestros. La desesperación por hambre es la madre de mucha violencia por comida.
La muy oportuna ocasión para que los sedientos de poder aprovechen para explotar a su favor las angustias y carencias populares, es una amenaza muy evidente, ya se está viendo. Toca a los líderes, voceros y comunicadores, a los políticos responsables y a cualquiera que tenga influencia en sus entornos de vida, dar la voz de alarma, y auxiliar a la población a enfrentarse a esos grandes esfuerzos de poder dictatorial.
Y los enemigos de la vida por nacer y cercana a la muerte, de la familia y del matrimonio naturales, están aprovechando para multiplicar legislaciones inhumanas en muchos países. Y estos esfuerzos venidos de organizaciones internacionales, sólo pueden enfrentarse solidariamente entre las naciones. Y Latinoamérica debe responder a favor de la dignidad de la persona humana en forma regional, no sólo nacional, como lo hacen la Iglesia algunas organizaciones.
La necesidad de integrarse los latinoamericanos, social, religiosa, económica y políticamente, es un asunto de extrema urgencia. Como se dice por todas partes, respecto a la crisis mundial, “lo peor está por venir”, y no en cuestión de años, ni de muchos meses, sino de semanas, en lo que resta de año, para empezar.
De esta forma, alertar, entusiasmar, convencer, actuar a favor de la solidaridad latinoamericana, es asunto de supervivencia. Más que ningún otro continente, ni siquiera el africano, tiene tanto en común como el de América Latina.