Desde ese tiempo del Tecnológico, era tema importante, tanto en esos medios académicos, como económicos y políticos, que México enriqueciera sus mercados de exportación, y dejar de mirar obsesivamente, al gran mercado de los Estados Unidos. Que México volteara su mirada y su comercio internacional hacia América latina, en particular a Centroamérica. Que se buscara crecer el comercio regional, que se hicieran esfuerzos en pos de la integración industrial, para crecer como subcontinente frente a los grandes países o zonas, como los Estados Unidos, Europa y el Lejano Oriente (en particular Japón y China).
Pero han pasado los años, los decenios de años, y los intentos reales han sido desde tímidos, superficiales, hasta inútiles. Y ahora, ante un mundo en crisis económica generalizada, y con un panorama previsto muy, muy negro, el tema debe tomarse en serio y los gobiernos nacionales deben buscar medios prácticos y prontos de integración.
Yo nací profesionalmente en uno de esos intentos, la ALALC, la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio, que en algunos años se quedó en casi nada. Hay otros intento de integración de mercados en Latinoamérica, pero muy restringidos, como el Mercosur. Pero sus fallas y la defensa, justificada o injustificada, por intereses de los políticamente poderosos, siguen dañando la cooperación económica e integración industrial.
La integración latinoamericana sigue siendo un mito, un buen deseo y con muy poca, o casi nula voluntad política para hacer de Latinoamérica, la casa grande que debería ser. Pero hay algo más. Los países latinoamericanos necesitan más que integraciones económicas. Hay mucho terreno para reforzar la cooperación política, pues los intereses de grupos de poder, en especial de las dictaduras o de los extremismos populistas, lo impiden. Cada poderoso quiere mejor reforzar su poder y control sobre la población de gobierna y domina, sin darse cuenta del desastre.
Falta también mucha integración, digamos, en cooperación y complementación en el mundo de la cultura, de la educación, de la academia. Y con todo lo que en estos campos vive América Latina, no es que falten casos de cooperación, pero son particulares y no a gran escala.