La Edad Media es una de las etapas o períodos históricos más prolongados, estudiados y conocidos, comprendido entre los siglos V y XV y el cual se sitúa entre la caída del Imperio romano de Occidente en el 476 y la llegada a América por parte de Cristóbal Colón en 1492.
Curiosamente, pese a ser tan conocido existen discrepancias respecto a cuando este tuvo fin, valorando algunos autores que la Edad Media termina con la caída del Imperio bizantino en 1453. Este período histórico es considerado en base a los eventos que acaecieron entre Europa, Asia y el el norte de África durante dicho período temporal, no existiendo como tal en América (en la que se consideran otras etapas históricas).
Se divide en Alta y Baja Edad Media, cada una con sus propias características si bien uno de los principales eventos que las separa es la aparición del feudalismo en el siglo IX.
Se trata de una época con grandes conflictos bélicos y en los que el mundo conocido se caracterizaba por una gran focalización en la fe, en la que prevaleció el sistema político de la monarquía autocrática y el feudalismo. A menudo es considerada una de las pocas etapas que han supuesto un retroceso o estancamiento del ser humano, a pesar de que también en esta etapa también existieron grandes avances y en ellos se configuró en gran medida la mentalidad y creencias básicas de la mayoría de los pueblos occidentales actuales.
Principales características de la Edad Media
La Edad Media fue un período histórico con una serie de características que lo hicieron único en todos los aspectos. De entre todos ellos podemos destacar como algunos de los más relevantes los siguientes.
1. Teocentrismo: Dios como centro de todo
Sin duda alguna, si hay una característica clave de la Edad Media es la presencia de un marcado teocentrismo que servía como base para explicar el universo y a partir del cual se marcaba la mentalidad, las normas de convivencia e incluso las leyes de la época.
Todo el universo se entendía como consecuencia de la acción divina, encontrando como explicación fundamental de todo lo existente las escrituras sagradas de las distintas religiones (especialmente la Biblia y el Corán, así como en menor medida la Torá).
2. La religión como base fundamental de la sociedad
Profundamente vinculada con el punto anterior podemos encontrar el gran valor e importancia de la institución religiosa, la cual tenía un poder equiparable e incluso a menudo superior que la de los monarcas de los distintos países tanto a nivel formal como informal.
En Europa, la Iglesia Católica se transforma en la institución más poderosa y la única con un acceso generalizado a todos los ámbitos de la educación, por lo que su influencia en todos los estratos sociales también aumenta.