Consecuencias negativas de los valores morales- Parte 1

Son un tanto vituperadas las definiciones que se orientan en un sentido contrario o están en desacuerdo a la apología de la conocidísima dicotomía o dualidad del «bien y el mal» en el ser humano: esquema compartido en los párrafos anteriores donde se asocian los valores morales a lo que es justo, al obrar positivamente bien y siempre en contra del mal.

Estas definiciones consideran que gran parte del pensamiento binario del bien y mal.

Tiende a valorarse a sí mismo o considerar sus acciones como puras o correctas, sin abrir espacio a la posibilidad de que estos valores morales se basan en la primicia inconsciente y vergonzosa de que a todos nos gusta pensar bien de los demás porque tememos de nosotros mismos, Oscar Wilde (1890) llamaba esto, la base del optimismo.

Uno de los argumentos fundamentales a esta antítesis es la que expone Nietzsche (1883).

Este autor expone que los valores tradicionales habían perdido su poder en las vidas de las personas, lo que él llamaba nihilismo pasivo.

Nietzsche lo expresa con su contundente proclamación “Dios está muerto”, convencido de que los valores morales tradicionales representaban una moralidad creada por débiles y resentidos que fomentaban comportamientos o conductas sumisas y de conformismo ya que estos valores tácitos funcionaban a sus intereses.

Es por esta razón que este autor impera sobre la necesidad del remplazo o la transformación de los valores morales tradicionales, lo que lo llevaría hasta la estructura del übermensch (superhombre).

El fallo de los valores morales tradicionales se caracteriza por su antinaturalidad, ya que utiliza normas o leyes imperativas que van en contra de los instintos fundamentales de la vida; según la teoría Freudiana están en contra del ello; para Nietzsche estos valores están en contra de lo dionisiaco y crean un concepto panegírico de la unicidad a todo aquello que represente lo apolíneo.

La conciencia moral se comporta más severa y desconfiada cuanto más virtuoso es el hombre, de modo que, en última instancia, quienes han llegado más lejos por el camino de la santidad son precisamente los que se acusan de la peor pecaminosidad.

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