Podemos hablar, por ejemplo, de condiciones estructurales de violencia social e institucional en ciertos países de Centroamérica, lo que explicaría los desplazamientos en los últimos 20 años de Guatemala, El Salvador y Honduras.
Pero si uno pone solamente el foco ahí se omite que hay otra serie de cuestiones como discriminación estructural a la población indígena o a la población afro o por razones de género.
¿Cuáles son los procesos migratorios más significativos que se están dando en Latinoamérica?
Los tres grandes desafíos principales por la profundidad que tienen, por la cantidad de personas que salen y por las condiciones en las que migran son el venezolano, el haitiano y lo que sucede en el Triángulo Norte de Centroamérica.
El proceso migratorio colombiano también tiene una presencia importante. La migración venezolana y colombiana tienen mayor diversidad en términos de clases sociales que se desplazan.
Por último, cada tanto va y viene la problemática nicaragüense de migración a Costa Rica por cuestiones de conflictividad política.
¿Cómo fue variando la migración y sus motivos a lo largo de los últimos años?
Hay momentos históricos de mucha migración por razones de violencia política como en los 70 en América del Sur y los 80 en Centroamérica por los conflictos armados.
La década del 90 estuvo muy vinculada al deterioro profundo de las condiciones de vida, Ecuador y Argentina son los principales ejemplos.
El gran cambio de los últimos 10 o 15 años es que cada vez migra más gente dentro de la región. Hoy la gran mayoría de la migración sudamericana es hacia otro país de Sudamérica.
En buena medida por el desplazamiento venezolano porque cuantitativamente es muy importante: el 80% se desplaza hacia otro país sudamericano.
No hay precedentes en la región de tanta gente que se va en tan pocos años hacia otros países de la zona. El otro gran cambio importante es que aumentó exponencialmente las condiciones de precariedad e irregularidad en las que se genera la migración.
Uno de los impactos inmediatos por el aumento de la irregularidad migratoria es tener menos visibilidad sobre este fenómeno. Esa es una de las clásicas contradicciones de los discursos de más control migratorio.
Se restringe o impide el ingreso de personas en aras de la seguridad e inmediatamente lo que ocurre, cuando tenés una realidad más estructural de gente que necesita pasar igual, es que el Estado pierde el control sobre esa realidad.
Ya no sabés quién entra a tu país ni a dónde va. Si se queda, si siguió, si necesita protección o si eventualmente.