La justicia social y los derechos humanos

La lucha por la justicia social y los derechos humanos básicos ha sido y sigue siendo uno de los factores más importantes en los procesos políticos de América Latina  durante el siglo XX.

Representa un reto fundamental para la mayoría de los países.  Pero los logros alcanzados han sido significativos,  si se comparan las condiciones actuales en que viven los latinoamericanos, con las que prevalecían a principios del siglo, no hay dudas de un alto grado de avance.  No obstante América Latina aún tiene que recorrer un largo trecho.

Países como México y Costa Rica, donde se redacta una constitución liberal, es un ejemplo de contradicción entre la letra y el hecho.  El derecho que se le garantiza constitucionalmente al indio de México, no se materializa en su totalidad en beneficios reales; y éstos, igual que en Centroamérica son marginados, explotados e incluso repudiados por algunos sectores del país.

De igual forma, la mujer igual que el hombre siguen siendo objeto de maltratos, por grupos que se niegan a respetar estos derechos.

Chile y  Guatemala poseen gobiernos de derecho que constantemente son acusados de violación a los derechos civiles.   Las desapariciones y asesinatos con una actividad que aún persiste.

Cuba sigue debatiendo los  avances reales del concepto de libertad que predica el castrismo.  En otros países, media toda una gama de condiciones y situaciones que evidencian la presencia de actitudes represivas e inhumanas  que es necesario erradicar.

Desde esta perspectiva la democratización es una necesidad.  Con contadísimas salvedades la democracia en América Latina continúa siendo la excepción y no la regla:  Chile interrumpido por fracturas, Costa Rica en la segunda mitad de este siglo; Uruguay hasta los años 70.

El proceso aún tiene lagunas producidas por procesos autoritarios y por otro lado reinvindicadas casi con orgullo.  Maniobras y astucia vergonzantes en el momento de ser cuestionadas:  Guatemala, Mexico, Haití, Guyana y Surinam.

A pesar de estas insuficiencias, los procesos de democratización latinoamericana han llegado a crear crisis en los mismos gobiernos;  ya que muchos de los tradicionales vicios de la vida pública  de la región resisten la transparencia y el escrutinio que alienta la democracia.  De allí la explicación del descalabro de jefes de Estado y sus familiares (Brasil, Guatemala y Argentina) pasando por ministros, funcionarios y capos del narcotráfico acusados de corrupción.  Las elites latinoamericanas se han sentido atemorizadas ante la prensa y la sociedad civil, que son los elementos claves para el camino de la democratización.

La educación para la democracia:

Educar para democracia, es ayudar a construir una nueva sociedad; es una actitud positiva que es capaz de transformar la humanidad.

Educar para la democracia es actuar en defensa de los débiles en la casa, en la escuela, en el barrio, colaborando así en una convivencia solidaria en donde se respetan los derechos de todos y no sólo de los que tienen el poder.

Es analizar la consecuencias del militarismo y la fuerza, buscando medios menos destructivos para lan defensa de la sociedad civil.

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