Final de las Guerras Púnicas

La caída de Cartago: Destrucción total.

Se inicio con un sitio que duró tres años, y según la leyenda fue tan duro que las mujeres se cortaron el pelo para hacer cuerdas y fabricar armas de guerra, los habitantes cartagineses lucharon día y noche para defender su ciudad.

Los cartagineses soportaron el asedio desde el año 149 aC hasta la primavera del 146 aC, cuando Publio Cornelio Escipión Emiliano tomó la ciudad en una tormenta.

Aunque los ciudadanos cartagineses lucharon valientemente, inevitablemente sucumbieron gradualmente por la abrumadora fuerza militar romana.

Los romanos tuvieron paciencia para enfrentarse casa por casa de la ciudadela interior y superar la última resistencia de los pobladores que defendían cada metro cuadrado .

Después de la batalla, la poderosa Cartago, fue destruida y convertida en ruinas con sólo un botín de aproximadamente 50.000 sobrevivientes, la mayoría mujeres y niños que fueron vendidos en los mercados de esclavos .

El odio de los romanos era tan grande, al viejo rival, que según la leyenda, después de la caída de la ciudad, fue totalmente destruida y su terreno salado para que nada creciese en ella.

La tarea fue tan bien ejecutada que, aún hoy los arqueólogos no saben la ubicación exacta de la ciudad.

La Cartago que aparece en los mapas romanos después de las Guerras Púnicas es una ciudad fundada por Roma como una colonia.

-El concepto de colonización romana era muy diferente del de los cartagineses. Los púnicos se limitaban a explotar los recursos de los territorios conquistados. Roma lo hacía también pero, además, asentaba allí a sus veteranos de guerra, construía calzadas, puentes y acueductos, dotaba de leyes a esas comunidades, y les ofrecía todas las ventajas de su civilización.

La segunda Guerra Púnica decidió la historia de Occidente, construido sobre el Imperio Romano. Y nunca se podrá saber qué hubiera ocurrido si Escipión el africano no hubiera ganado en Zama, o si Aníbal hubiera destruido Roma, como todos esperaban que hiciera.

Cartago debe ser destruida

La victoria de Roma había reducido definitivamente a Cartago a una potencia menor, recluida en el norte de África. Sin embargo, los años pasaban y los romanos todavía recordaban con pánico los terribles momentos de la amenaza de Aníbal, lo cerca que habían estado de la catástrofe.

El viejo Catón, un senador célebre por su severidad y por su retórica, no perdía ocasión para recordar que debían aniquilar al enemigo. Sin importar el asunto del que estuviera hablando en la asamblea del Senado, sus discursos terminaban siempre con la misma coletilla: Delenda est Cartago!, ¡Cartago debe ser destruida!

Si no, alegaba, Roma jamás tendría descanso, y viviría siempre atemorizada por la amenaza púnica.

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